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Opinión: Murió mi hermano Dereck Manaure por Lucianny Bastidas

Opinión:  Murió mi hermano Dereck Manaure por Lucianny Bastidas

Lucyany Bastidas

 

Cuando se informo a la opinión pública venezolana el fallecimiento de Dereck Manaure, solo pensé en escribir sobre el dolor y la impotencia que así como su familia y amigos están teniendo en estos momentos, todos los jóvenes venezolanos sentimos por la pérdida un hermano, de un hijo o de un amigo.

Un adolescente de 15 años, que soñaba con crecer,  estudiar y  tener una familia. Todo lo que nos une en nuestros deseos futuros. El deber ser de un niño en una sociedad que brinda las oportunidades para salir adelante, pero que en los actuales momentos no se puede lograr.

En ningún momento de la historia, Venezuela había transitado por el deterioro y el desastre que estamos viendo a diario. Al hampa se le suma la falta de medicamentos, equipos médicos y comida, causas de muerte de nuestros hermanos. Exijamos todos, grandes y chicos, que se respete nuestro derecho a la vida, a crecer y soñar.

¿Y por qué digo esto? Todos los venezolanos estamos a merced de los designios de un grupo de forajidos, escorias de la sociedad, que mantienen en zozobra al pueblo venezolano. Con la mayor impunidad juegan con la vida y los sentimientos de inocentes que están desamparados ante la escalada de violencia.

No podemos dejar pasar esto para señalar a los grandes responsables de tan cruel y abominable crimen, no solamente los miembros de una banda delincuencial comandada por un conocido preso que operaba desde una de nuestras cárceles, sino el reconocimiento de un gobierno que se ha convertido en el gran cómplice de la mayoría de los crímenes que ocurren a diario al dar cobijo en estos santuarios en que se han convertido todas las cárceles venezolanas.

El aparato de justicia está herido de muerte, y no quieren entender que el daño está hecho. La legitimidad de un aparato corrupto y viciado, un sistema penitenciario guarida de delincuentes y unos cuerpos policiales que en su mayoría o son cómplices o están de manos atadas, son los elementos que sobresalen.

Los jóvenes en su totalidad deberíamos salir a tomar las calles para exigir el derecho a la vida. Sin violencia pero con la fuerza que nos da la moral, debemos exigir a las autoridades que emprendan medidas claras y efectivas que nos permita someter a los que tanto daño hacen a la sociedad.

Nuestros hermanos mueren en manos del hampa o toman la iniciativa de irse del país para poder sobrevivir. Se nos muere la patria de Bolívar, con el consentimiento y complicidad de los que hoy enarbolan la bandera de la revolución. 

 

Lucianny Bastidas

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